Al pequeño Alfeñique le resultaba un acto revolucionario correr contra la corriente. Él era un hombre de grandes palabras y sinceras esperanzas. Debajo de su túnica color miel guardaba piedras mágicas que a cualquiera hacían sonreír.
El pequeño Alfeñique nació en una tierra desconocida pero cierta, en ella habitaba con otros alfeñiques que sabían vestir con colores que alzaban con orgullo su autenticidad.El nombre del pequeño alfeñique era Enrique Eduardo Dos Suspiros
Su nombre se lo puso une amigue de su mamá, a él le daba gracia y un poco de vergüenza tenerlo que pronunciar, prefería que le llamaran pequeño Alfeñique.
un día me encontré con Alfeñique y le pude contar el flor de bochinche que por mi cabeza pululaba. Alfeñique, ni lento ni perezoso, pronunció:
“Juguemos a las escondidas, ¿dale que sí?
Yo me escondo de las responsabilidades y vos te escondes de las añoranzas, ¿bueno? A la cuenta de uno, dos, ¡tres!
Corré, ¡corré a esconderte pequeña Alfeñique!”
Gritó decidido y así se anduvo toda la jornada. El sábado a la tarde se convirtió en una calle empedrada repleta de esperanzas, tristezas y pinceles con sabor a chocolatín
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