¿Alguna vez has transitado esa sensación de encontrarte, repentinamente, vaciado de todo sentir? El vaciamiento de los suspiros, del porvenir, de los instantes que hasta hace un ratito se sentían como tu dulce favorito.
¿Qué hacemos frente a la caída de ese otro que nos resultaba tan completo, tan perfecto, tan supremo? Cuando caen los ideales y aparece la falta, esa falta que todes tenemos, ese vacío que nos recuerda que la vulnerabilidad es el rasgo más humano que poseemos. La caída de ese otro ¿es acaso, también, la caída de quien creíamos ser con ese otro? ¿Quiénes somos al final?, ¿el saldo que queda de esa inversión que decidimos hacer al elegir estar con alguien más? No hay respuesta veraz que sepa abarcar todo este mar de preguntas, resulta sanador seguir abriendo interrogantes para saberse encontrar en medio del alboroto.
¿Y qué queda del amor? El amor después del amor tal vez se parezca a este rayo de sol, dijo un querido amigo musical, y acá nos permitimos pronunciar que desilusionarse puede ser una oportunidad para volverse a ilusionar y la caída, quizá, sea la chance para volverse a encontrar.