En la impaciencia de la reina se encarnó la espera del rey
bom, bom, bom
repiqueteos anunciaron la siguiente caída
el caudal que comunicó la partida del rey
se llevó consigo los ritos realizados
por pueblos originarios de aquellas tierras independientes y con fe
La reina ordenó sus ideas e impartió la primer regla
“todo aquel que no esté bajo su plan sería descuartizado”
El rey carcomido por su encantamiento obediente
destronó cuerpos apelando a las órdenes de su dirigente
Olvidó hilvanar pensamientos, dejó que estos se fueran pudriendo en el convento y
a contramano de su corazón noble
fue el impulso por el gobierno de los somas
el que arañó toda esperanza
de recuerdo de sí
entonces
Multiplicando miradas
cayó en un río
fluyendo hacia la orilla más cercana
vació una pila de lágrimas sobre aquel regazo
¿No creyó que fue muy pronto? Miró alto al azul del cielo
vió cómo se fue desgranado entre las escurridizas nubes
que
zumban como susurros reprogramados
se miró en el río
espejos repletos de gusanos
vió su realidad malicienta a través del cristal
el mismo caudal que siempre vivió cómplice de su premura
insostenible su postura, totalmente imputable su posición:
se cargó toda muerte al hombro
el peso de las carnes que él habilitó suprimir
rancia
su alma
putrefacto
todo dolor
prefirió esperar a que ese río le cumpliera el favor de la espera
río en duermevela
corriente que trae todo yuyo del norte
toda anécdota del pueblito Azul del sur
del que procedía la última familia que decidió eliminar
Abrazo en la siempre exigente y reveladora luz de la poesía.
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